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Alemania y Australia – Historias de una Mujer con Mochila

Alemania y Australia – Historias de una Mujer con Mochila

Qué habría sido de mi vida sin la working holiday. Pienso en cómo este convenio -que qué sé yo a quién se le ocurrió- hizo que todo lo que podría ser de mi estilo de vida hoy, cambiara. 

Para mi estar con esta visa es una cotidianidad. Partí el 2017, con Alemania. Ahora ya voy a la mitad de mi segundo año en Australia. Pero recuerdo, allí por el 2014, cuando la escuché por primera vez. Trabajaba en un diario en Santiago y apareció en mi radar. Qué me iba a ir a Australia, pensé. Voy a perder el tiempo en esa isla que ni siquiera había considerado como destino de vacaciones. Pero estaba allí, trabajando, haciendo una rutina de esas que uno podría llevar por el resto de su vida. Me sentí incómoda. Cómo esto iba a ser todo. Siempre quise hacer más cosas, soy un poco dispersa. Quería ser actriz. Decidí irme a Buenos Aires a estudiar. Mi “año artístico”. Ay, que la pasé bien. Estuve unos 8 meses y regresé a Chile. Para ese entonces las WH ya eran más populares. Siempre el amigo de alguien la estaba o la había hecho. “Trabajo un poco y parto”, decidí. Me metí en un proyecto muy entretenido, todo lo que como periodista podía querer. Era el trabajo ideal, donde tenía espacio para crear y crecer. Claramente el irme y dejar algo así se hizo más lejano, pero igualmente rendí las pruebas e hice algunos trámites, por si acaso. A finales de ese año cancelaron en proyecto y nos echaron a todos en año nuevo. Bienvenido 2017. 

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Estaba en ese abismo de la cesantía, confundida y sin saber qué hacer. Empecé a buscar trabajo y quedé en la terna de una pega “linda, segura”. Igual quería ir a mitad de año a Australia. Pensé “ya si me va bien este trabajo, lo dejo para el próximo”. Me fui a un mini viaje con mi hermano y me dijo algo que yo creo que ni recuerda. “Anita toma ese impulso de viajar y viaja ahora, haz todos tus viajes porque si te quedas trabajando, siempre lo vas a posponer“. Y así fue como decidí irme a Alemania a “hacer hora” para Australia. Otro de mis hermanos estaba viviendo allá y pensé que qué mejor que esperar un viaje que viajando.

             

Así empezó toda esta historia, que me tiene escribiendo este texto frente a una playa en Airlie Beach, una ciudad hermosa en el norte de Australia. Partí el 2018, en febrero. Llegué a Sydney. Ese vértigo de llegar, de tener nada y a nadie, es la más aterradoras e increíble de las adrenalinas. De histérica leí todas las experiencias y acosé a mil gente por internet para que me dijeran cómo era la cosa. Cómo era sobrevivir allá. Y es que en Alemania yo siempre tuve techo y comida con mi familia. Aquí estaba sola. A 11 mil kilómetros de mi zona de confort. Traje CLP 3.000.000. Tenía mucho miedo de gastarme todo así que hice un plan. Decidí ir por la extensión del segundo año y no establecerme en una ciudad grande como Melbourne o Sydney.

Buscando en los grupos en FB llegué a Cairns, en plena época de ciclones e inundaciones. Conocí más backpackers y entendí REALMENTE a lo que uno iba: dispuesto a todo (laboralmente hablando). Mi idea era hacer un cursito de barista y hacer cafés frente a una playa. JA. AY, qué inocente era. Ves cómo todos buscan, unos con más suerte que otros y cómo trabajos que jamás pensaste, como ser housekeeping o limpiador@ de platos, son en verdad, las opciones más viables. Lo más “fácil” y rápido para empezar a hacer contactos, sueldo y referencias en Australia, porque al final, para el CV, hay que partir por rellenarlo con eso. Con trabajo real en la tierra de los canguros. Al mes conseguí trabajo como HOUSEKEEPING en un hotel en una ciudad, a mi gusto, paradisíaca: Airlie Beach (tanto, que terminé regresando ahora, jeje).

alemania y australia - historias Anita PuelmaJamás había hecho una cama en mi vida. Era (soy) lo más mimada y consentida del universo. Si cocinaba en la casa allí estaba mi papá limpiando todo lo que ensuciaba. Mi mamá estirando toda mi ropa que yo dejaba repartida por la pieza. Una inútil. Y allí estaba, yo, la inútil, nutriéndome con Youtube porque en serio, CÓMO SE HACE UNA CAMA, cómo se limpia un baño, qué es eso de que la aspiradora se llena de basura y hay que limpiarla. Fue un diluvio de información, sudor y de ser la peor housekeeping por semanas. La más lenta, la más olvidadiza. Me retaban. Nunca nadie me ha retado. Cuento esto así sabiendo que muchos me van a pelar porque obvio,  cómo tan vaga. Pero para mi salir de mi nido fue empezar a alcanzar un nivel de independencia que nunca se me había ocurrido. Manejar un sueldo DECENTE, mi horario, la limpieza, el que nadie haga nada por ti es reventar una burbuja que a mi me transformó. Mejoré, me puse rápida, aprendí las mañas y me transformé en una housekeeper, ejem, decente. Pero a quien engaño, lo odiaba. Aprendí montón, pero yo ya quería avanzar. Tengo buen inglés y era hora de salir de eso y empecé a trabajar en las noches en el restorán del mismo hotel. Sin darme cuenta me vi metida en un agujero trabajólico. de 9 a 14 limpiaba, de 17 a 22 atendía. Así empecé a juntar dinero como nunca había soñado. Ganando casi 3 millones de pesos al mes, descrestándome, pero pucha que cambia la visión de trabajo cuando te pagan por hora. Lo mínimo -en trabajos legales- son unos 10 mil pesos por hora. No podía entender cómo estaba trabajando entre 60 y 70 horas semanales en puros trabajos físicos. Un nivel de trabajo que la inútil esa que dejó Chile jamás se la habría podido. 

En mi segundo año regresé a Melbourne. Allí tenía a mi grupo de amigos que había hecho en Airlie y sentí que este año era diferente. Es como volver a tu hogar porque ya sabes cómo es la cosa, conoces gente, sabes el ritmo que quieres alcanzar. Me enamoré de esa ciudad, llena de actividades, de vida, de gente para todos los gustos. Nunca he querido enamorarme tanto de Australia porque sé que nuestro amor tiene fecha de caducidad. Sé que llegará un momento donde no podré extender más. Pero si pudiera, viviría en Melbourne, para siempre.

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Retomé mi trabajo en la cadena de hoteles, esta vez solo como mesera. Y comencé a tener mis primeros contactos cafeteros. De a poco comencé a hacer cafés. Allí estaba la Anita de hace un año atrás, recién llegada diciendo “vamos por ese sueño”.  Tras unos seis meses de amor apasionado con mi Melbourne, decidí dejarla. Anunciaron la extensión de un tercer año y yo “upa, chalupa”. Sin estar segura de querer un tercer año, yo siempre me he guiado por el lema de MEJOR PREVENIR QUE LAMENTAR. Y qué terrible sería querer volver y no poder, cuando aún tengo tiempo de extender. 

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Australia me lo ha dado todo, menos mi familia. Ese es un tema que siempre pesa, uno siempre extraña. Pero he visto tanto, aprendido tanto, superado tanto que yo no entiendo cómo los que pueden, no están viviendo esta experiencia tan emocionante, tan dura y loca. Siento que he vivido mi vida tanto, jamás he tenido momentos de arrepentimiento, de sentir que quiero hacer algo más, que no soy feliz, que me siento incompleta. Es rudo, si uno quiere viajar -que es mi objetivo el próximo año- se trabaja harto. Se echa de menos. Yo todos los años he vuelto a Chile y me quedo 2 o 3 meses regaloneando con todos. Pero la vida, las amistades que uno forma, el ver cómo funciona otra parte del mundo es un aprendizaje que no habría tenido, tal vez, si no me hubiesen dado esa carta de despedido el año nuevo de ese 2017.

Anita Puelma
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